El proyecto C-Biofert busca, además de reducir el volumen de residuos orgánicos de la provincia, generar biofertilizantes y bioestimulantes.

El proyecto se lleva a cabo en nuestro Centro Integral de Tratamiento de RSU de Montemarta-Cónica de Alcalá de Guadaíra y cuenta con el apoyo técnico de ITENE Centro Tecnológico, del Instituto de Recursos Naturales y Agrobiología de Sevilla (IRNAS), y la subvención del Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial (CDTI).

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Desde GSA hemos puesto en marcha C-Biofert, cuyo objetivo es generar bioproductos de alto valor añadido y gran potencial en el mercado, como biofertilizantes o bioestimulantes, a partir de los residuos orgánicos de Sevilla y su provincia. 

El proyecto C-Biofert, subvencionado por el Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial (CDTI), es nuestra nueva apuesta por la economía circular, uno de los pilares en la gestión de GSA. Principalmente, la economía circular persigue establecer una solución integral para el tratamiento de la fracción orgánica, desarrollando aplicaciones que hagan más sostenible la agricultura.

Por otra parte, el proyecto, que concluirá en 2022, se lleva a cabo en nuestro Centro Integral de Tratamiento de RSU de Montemarta-Cónica de Alcalá de Guadaíra y cuenta con el apoyo técnico de ITENE Centro Tecnológico. Además, también participa el Instituto de Recursos Naturales y Agrobiología de Sevilla (IRNAS) realizando ensayos en campo con los productos desarrollados. C-Biofert supone una ambiciosa iniciativa que facilitará el estudio del efecto de los PGPR (Plant Growth Promoting Rhizobacteria), microorganismos producidos a partir de dichos residuos.

Igualmente se validará la producción de biofertilizantes a escala piloto y su efecto en campo. Además, como actividad adicional y con el objetivo de asegurar su buen funcionamiento, los PGPRs serán capaces de soportar niveles elevados de metales pesados pudiendo aplicarse, por tanto, en suelos contaminados.

Cabe destacar que los biofertilizantes son productos elaborados a partir de PGPR que promueven el crecimiento vegetal. Estos microorganismos tienen un papel fundamental y beneficioso en el desarrollo de los cultivos y en el mantenimiento de los suelos. El uso de estos biofertilizantes promueve una agricultura ecológica y sostenible, uno de los pilares en la gestión de GSA.

Más aún, el aprovechamiento de la fracción orgánica de los residuos sólidos urbanos (FORSU) como medio de crecimiento de los PGPR permite aprovechar dichos residuos, los cuales, o no se reciclan, o se valorizan en productos de bajo valor añadido. Estos residuos, tratados adecuadamente, tienen un gran potencial de valorización debido a su elevado contenido en nutrientes, bajo coste y cantidades elevadas.

Compromiso con el medio ambiente andaluz

En 2016, cada habitante de la UE (UE-28) generó 4,96 toneladas de residuos. En el caso concreto de España (2,77 toneladas), únicamente el 30 % de los residuos se destinaron a valorización (incluido reciclaje y compostaje) mientras que el 57 % terminó en vertederos, según Eurostat. El incorrecto tratamiento de estos residuos no sólo da lugar a una pérdida de recursos en forma de materiales o nutrientes sino también en posibles contaminaciones del aire, el agua, el suelo o incluso en el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Medio ambiente Andalucía

Los procesos actuales de valorización de residuos se basan principalmente en la obtención de productos de bajo valor añadido, como es el caso del compostaje, cuyo precio medio se sitúa en 20 €/tonelada. Como consecuencia, las empresas buscan nuevas vías de valorización que sean económicamente más rentables. Es ahí donde aparecen los biofertilizantes y los bioestimulantes, considerados como productos de alto valor añadido y cuyo mercado está en auge. El uso de este tipo de productos está regulado recientemente tanto a nivel nacional con el Real Decreto 999/2017, como a nivel europeo con la Directiva Europea 2019/1009. Esta nueva legislación, alineada con un desarrollo sostenible, abre una nueva vía al uso de biofertilizantes y bioestimulantes, y entronca con la estrategia europea Farm to Fork, que, incluida en el Pacto Verde Europeo, tiene por objetivo generar un sistema alimentario justo, saludable y respetuoso con el medio ambiente.